Cuando hablamos de alimentación infantil, solemos pensar en el crecimiento, la energía o el desarrollo del sistema inmunológico. Sin embargo, existe un aspecto menos conocido que también depende, en parte, de lo que comemos: el desarrollo de la mandíbula.
La forma en la que un niño mastica durante sus primeros años influye en el trabajo de los músculos, el crecimiento de los huesos y el desarrollo de la boca. Por eso, la alimentación no solo nutre el organismo, también participa en cómo se forma el sistema masticatorio.
La mandíbula también necesita «entrenarse»
Los huesos y los músculos se desarrollan gracias al movimiento y al esfuerzo que realizan cada día.
La mandíbula no es una excepción.
Cada vez que masticamos alimentos con diferentes texturas, los músculos trabajan y estimulan el crecimiento y desarrollo de los huesos de la cara.
En cambio, cuando la alimentación es excesivamente blanda durante mucho tiempo, ese estímulo disminuye.
La importancia de masticar
Masticar no consiste únicamente en triturar los alimentos.
Es una función compleja en la que participan:
- La mandíbula
- La lengua
- Los labios
- Las mejillas
- Los músculos de la cara
Todo este conjunto trabaja de forma coordinada para favorecer un desarrollo equilibrado.
Por eso, introducir progresivamente alimentos con diferentes consistencias forma parte del desarrollo normal de un niño, siempre siguiendo las recomendaciones del pediatra y adaptándose a cada etapa.
¿Qué ocurre si casi todo es blando?
Actualmente, muchos niños consumen una alimentación basada en alimentos muy fáciles de masticar.
Puré, pan de molde, alimentos ultraprocesados o preparaciones muy blandas requieren poco esfuerzo para ser triturados.
Esto no significa que estos alimentos sean perjudiciales por sí mismos, sino que una falta de variedad en las texturas puede reducir el trabajo que realiza la musculatura de la boca.
Con el tiempo, esto podría influir en:
- El desarrollo de la mandíbula
- La fuerza de los músculos masticatorios
- La forma en la que encajan los dientes
- Determinadas alteraciones funcionales
Masticar también ayuda a respirar y hablar
Las funciones de la boca están estrechamente relacionadas.
Una buena masticación favorece un desarrollo equilibrado que también influye en:
- La posición de la lengua
- La respiración
- La deglución
- El habla
Por eso, cuando se valora el crecimiento de un niño, no solo se observan los dientes. También es importante analizar cómo funciona toda la boca.
No se trata de alimentos «duros»
Es importante aclarar que el objetivo no es ofrecer alimentos excesivamente duros.
Lo importante es que, conforme el niño crece y siempre siguiendo las indicaciones de los profesionales de la salud infantil, vaya incorporando alimentos con distintas texturas que requieran una masticación progresivamente más activa.
Cada etapa tiene unas necesidades diferentes y la alimentación debe adaptarse a ellas.
El papel de la prevención
Muchos problemas relacionados con la mordida o el desarrollo facial no aparecen de un día para otro.
Son procesos que evolucionan poco a poco durante el crecimiento.
Observar cómo mastica un niño, cómo respira o cómo coloca la lengua puede aportar información muy valiosa sobre su desarrollo oral.
Por eso, las revisiones odontológicas infantiles no se centran únicamente en detectar caries. También permiten valorar cómo está creciendo y funcionando la boca.
Alimentar también es ayudar a crecer
En Dental Mares entendemos la salud bucal desde una visión global.
El desarrollo de una boca sana no depende únicamente del cepillado o de la ausencia de caries. También está relacionado con los hábitos, la respiración, la función y la alimentación.
Porque cada comida no solo alimenta el cuerpo. También ayuda a construir la forma en la que la boca crecerá y funcionará durante toda la vida.



